A LA VIDA POR EL FUEGO. Una carta sobre la lectura como afirmación de la vida


Creo que ninguna de las cartas que he recibido de mis lectoras me ha conmovido tanto como ésta que acaba de llegar de Gabriela Salazar Díaz. Hace unos meses, en agosto, esa fabulosa asociación que es Letras Voladoras organizó varios clubes de lectura de mis libros que duraban un mes. Al terminar cada uno me invitaron a reunirme con los lectores y responder a sus preguntas. Fue una experiencia excepcional para mí: lecturas inteligentes, intensas, apasionadas. Estuvimos en Puebla y en el Centro de la ciudad de México. Una reunión en Cuernavaca se canceló pero recibí entonces mensajes de algunas de las personas que habían manifestado interés y curiosidad. Entre ellas Gabriela Salazar Díaz.
La segunda semana de noviembre recibí esta carta de ella donde, una vez más se comprueba que, más allá de lo que el autor de un libro haga, planee, desee, los libros tienen en las manos y en los ojos de los lectores una vida imprevisible y nueva. Y el autor que piense que es su mérito se equivoca. Es el lector quien hace suyas, hace útiles o inútiles, bellas o cursis, deseables o repugnantes, las palabras aventuradas que el escritor extiende ante sus ojos. Las palabras de mi novela tratan de considerar al erotismo como afirmación de la vida. Y a la experiencia intensa de los sentidos como una manera de estar en el mundo. De estar mejor en el mundo. Pero cada lector, en cada momento de su existencia, hace con ello lo que puede o lo que quiere. Le da sentido a un libro o se lo quita. Lo que aquí cuenta Gabriela Salazar de manera sencilla, clara y elocuente, enriquece a mi libro. Otorga más de lo que toma. Lo hace fructificar en una experiencia memorable. Y festejo con enorme alegría lo más importante, su reestablecimiento.


Hola Alberto:
No sé si me ubiques, soy uno de tus tantos contactos de facebook, de Cuernavaca. Hoy quiero contarte tres pequeñas historias que de alguna manera se vuelven una.
Hace mes y medio estuve en el DF para que me hicieran algunos estudios médicos. Aproveché el viaje para encontrarme con un buen amigo de quien me iba a despedir porque unos días después se iría a vivir a Francia. Mientras esperaba a que llegara, me paseaba por una librería y me encontré con tu libro La Mano del Fuego, que por cierto el vendedor me recomendó ampliamente y sin lugar a dudas lo compré.
Mi día terminó así: mi amigo nunca llegó a nuestra cita y ya no volví a saber más de él. E l libro fue colocado en un librero, incluso con su empaque original esperando a ser leído algún día; y en los estudios que me realicé esa mañana me diagnosticaron una leve sospecha de cáncer...
Ahora me encuentro en convalescencia tras una cirugía que me realizaron una semana atrás. Han sido siete días no solamente de recuperación física y emocional, sino también de espera, incertidumbre y de hacer un balance de mi vida... de la vida... Y durante este proceso me hice acompañar de La Mano del Fuego. No sabía que así sería, pero lo disfruté tanto que no quería que terminara. En estos momentos en que me encuentro tan sensible, sentí que me encantaría poder vivir la vida de esa manera, con los cinco sentidos abiertos a todo aquello que nos rodea, a aquello que por ser pequeño resulta ser lo más grande, que por ser sencillo es lo más enriquecedor. Y me sentí envuelta no sólo en el deseo erótico, sino en el deseo de vivir, de existir y de disfrutar cada sensación que me permite ser quien soy.
Creo que elegí el mejor momento para leer tu libro. Gracias por acompañarme con tus palabras aun sin saberlo. Efectivamente creo que la muerte se codea con nosotros desde siempre, pero cuando la tienes cara a cara... ufff se siente un miedo frío... muy frío... y sin embargo, en estos momentos todo se siente diferente después de leerte, ha sido un gran deleite para mí entrar en calor y acercarme al fuego. Gracias...
Gabriela Salazar

6 comentarios:

Amélie dijo...

Hola Alberto,
Leí la carta y agradezco que la hayas publicado. A veces me pregunto si escribir no es un acto profundamente egocéntrico, y me desanima un poco mi respuesta. Leer algo así me anima, me da gusto por ti y por Gabriela y por la literatura. No he leído La Mano del fuego pero le echaré un vistazo cuando vaya a la librería.
Gracias por publicar la carta.

Anónimo dijo...

Querido Alberto: Preciosa la carta de Gabriela. Te dije una vez que eras terapeútico para mis pacientes. No me equivoqué... lo eres también para los que descubren que la vida es y puede ser eternamente hermosa.
Un abrazo
Guillermo (Zaragoza. España)

Lena García feijoo dijo...

Alberto: un abrazo para Gabriela, por su sensibilidad, por su valentía, por su franqueza... ¡Bravo! Sí, es conmovedora...

Karla Portugal dijo...

Simplemente maravilloso y conmovedor, no puedo ver bien porque mis ojos están nublados pero es increíble, gracias por escribir y dejar que cada uno, a su modo, de acuerdo a su vida, tome de ti, de tu escritura, de tu vida, de tu energía, fuerzas nuevas, bríos distintos y miradas recién descubiertas. Gracias por compartirlo y a Gabriela le deseo lo mejor. Gracia también a ti Gabriela.

Por Carlos Varela Sansores dijo...

UFF que conmovedor, la vida detrás del libro y nacida de él Alberto... Habiendo leído también La Mano, entiendo a la perfección lo que dice Gabriela esa energía de lo érotico con ese tu escribir, como a fuego lento, es vida llena de vida, gracias por compartirlo, y a ti Gabriela, Mucha Salud y amorosos encuentros...

Emilia dijo...

Alberto
escucho a Gabriela y en ella a esas personas que saben como devolver la esperanza, es una manera de estar en la vida, de vivirla.
La palabra que define ahora mi sentir es GRACIAS
a ti y a ella, a todos los que hacen de este mundo un mejor lugar
Emilia Pedraza de Ascencio (León Gto)