CUADERNO ABIERTO
COMO UN CUERPO
Alberto Ruy-Sánchez
DANZA Y POESÍA
De nuevo Tatiana Zugazagoitia me regalará la traducción de mis textos en el lenguaje del cuerpo. Me preparo para volar a Mérida porque el próximo sábado haremos allá la presentación de mis dos libros más recientes: Elogio del insomnio y Decir es desear. con una coreografía de ella, cinco bailarines, música compuesta especialmente para el espectáculo.
POR EL TORSO DEL DESEO
Torso, ¿qué buscas?
Tu torcida realidad
me hunde en tu sueño.
*Fotografía de Alicia Ahumada, del libro El bosque erotizado, con textos de Alberto Ruy Sánchez, editado por Artes de México.
Tu torcida realidad
me hunde en tu sueño.
*Fotografía de Alicia Ahumada, del libro El bosque erotizado, con textos de Alberto Ruy Sánchez, editado por Artes de México.
LA SONRISA MOGADORIANA
DE XÓCHITL Y CATERINA
en la complicidad del laberinto
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| Mogador-Essaouira y sus murallas vista por Caterina Camastra desde la fortaleza del puerto |
No me canso de comprobarlo y a la vez de sorprenderme, los más extraños y maravillosos regalos, privilegios y placeres inesperados que puede recibir un escritor suceden en un ámbito inesperado, en esa especie paradójica de lento torbellino pasional que como micro clima crea la circulación felizmente incontrolada de sus libros en las manos deseantes de sus lectores. Inmenso privilegio es enterarse, por ejemplo, de la complicidad intensa entre dos mujeres que toman palabras de sus libros para nombrar la nueva realidad que ellas se han creado.
La escritora Caterina Camastra me contó: "La expresión "Ir a Mogador” se convirtió en nuestro código secreto para referirnos a asuntos de amor y discreción. Frases como “¿A qué hora te vas a Mogador?” o “No he hecho la tarea, pasé la tarde en Mogador” se volvieron moneda corriente en nuestro idioma privado..." Caterina, con el tiempo, se volvió traductora al italiano de En los labios del agua (y de varios otros libros de escritores mexicanos, entre ellos Galaor de Hugo Hiriart). Viajó hace poco tiempo a Mogador con su amado, Héctor Vega, y nos trajo bellísimas imágenes de la ciudad del deseo. Ahora, con su amiga y compañera de estudios de postgrado, Xóchitl Salinas Martínez, me cuentan como fue creciendo en ellas ese vínculo sonámbulo, ese guiño que se hace con los labios deseantes, esa sonrisa de complicidad mogadoriana que las une. Y yo, muy agradecido, lo celebro sonriendo con ellas, por ellas.
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| Caterina Camastra en la fortaleza del puerto con la ciudad de Mogador al fondo. Foto de Héctor Vega. |
EN LA COMPLICIDAD DEL LABERINTO,
según Caterina Camastra y Xóchitl Salinas Martínez
Dicen que la ciudad de Mogador no existe, que la llevamos dentro. Pero otros dicen que sí existe y que, justamente, la llevamos dentro.
Alberto Ruy Sánchez: Nueve veces el asombro.
En primaria o posgrado, el significado de compartir un pupitre no cambia. Sentarse junto a alguien en la escuela, varias horas al día, muchos días de la semana, durante meses o años, significa construir todo un léxico familiar, un mundo de diálogos entrañables.
Algo así nos pasó a mi amiga Xóchitl y a mí durante los años en que nos sentamos juntas en el salón de clases de la Maestría en Literatura Mexicana. Muy pronto ella se convirtió también en vecina de casa y nuestra relación fue volviéndose simbiótica. Solo Xóchitl sabía dar el correcto golpe de cadera que cerraba la rejega portezuela del copiloto de mi Volkswagen 1974, mejor conocido por su color como la Naranja Mecánica. Algún día aborchornamos a un pobre tapicero, quien, al vernos mirar con entusiasmo su catálogo de telas y debatir sobre el mejor color para mi sillón, asumió –no sin rubor– que vivíamos juntas y éramos pareja sentimental.
El posgrado es mejor que la primaria porque cuando uno es grande ya la escuela es un placer. Mi amistad con Xóchitl fue literaria desde el primer momento, y nos divertimos mucho preparando exposiciones sobre Sor Juana o las beatas embaucadoras de Nueva España. En esos mismos años descubrimos la obra de Alberto Ruy Sánchez, gracias a que mi asesor de tesis, Efrén Ortiz, me prestó Los demonios de la lengua. De cariño burlón y con poca modestia le decía yo Padre Miranda, en homenaje al confesor de Sor Juana, lo cual le hizo pensar que me interesaría el alucinado jesuita protagonista del libro de Alberto. Y así fue: amé el libro y su exquisita, diabólica arquitectura. En una sucesiva incursión en librería, mis ojos reconocieron el nombre del autor en la cubierta de En los labios del agua. Me llevé el libro y el mundo cambió: aprendí que era Sonámbula, y pronto Xóchitl supo que ella también lo era. Las dos nos internamos en el laberinto de las páginas de Mogador con delicia compartida, leímos libro tras libro, e integramos una ciudad lejana y nunca vista a nuestro léxico familiar. “Ir a Mogador” se convirtió en nuestro código secreto para referirnos a asuntos de amor y discreción. Frases como “¿A qué hora te vas a Mogador?” o “No he hecho la tarea, pasé la tarde en Mogador” se volvieron moneda corriente en nuestro idioma privado, un zelije más en el cuadrado védico de nuestra amistad. Y un zelije fundamental, punto de reunión al final de un laberinto de malentendidos y desencuentros que nos tocó atravesar acto seguido. Años después, el mensaje que rompió un largo silencio se lo debí a un texto mío que Alberto colgó en su página: Xóchitl lo encontró y decidió que había llegado el momento de reanudar puentes conmigo. En su momento, Xóchitl había sido la primera lectora de mi texto En las garras del agua, sabedora de los entresijos de su escritura. Así que en ésta, otra página en el laberinto de la ciudad del deseo, celebro nuestra Sonámbula amistad renovada.
Dicen que los Sonámbulos se reconocen desde el mismo momento en que se cruzan sus miradas. Creo indiscutiblemente que es así. Esto pude comprobarlo con certeza, en marzo de 2002, cuando di el primer paso dentro del que sería mi salón de la Maestría en Literatura Mexicana y vislumbré como entre veinte personas a Caterina sentada. En ese mismo instante supe que seríamos amigas. No me equivoqué.
Nuestra amistad se dio sin dificultades, se sentía fluir como el vaivén calmado de las olas, como una perfecta conexión entre gustos y opiniones aunque aparentemente fuésemos tan distintas. Era un hecho: nadábamos en la misma agua.
Día a día íbamos descubriéndonos, conociéndonos, encontrando ecos la una en la otra como círculos concéntricos. Uno de los felices puntos de coincidencia llegó con Los demonios de la lengua, libro que había leído con entusiasmo y fascinación a los 16 años y que ella acaba de descubrir. Sin duda, fue la llave que nos abrió las puertas a un paraíso literario sin precedentes y que nos ha traído interminables horas de placer. Cati y yo pasamos tardes deliciosas sentadas en su sala leyendo, compartiendo descubrimientos de nuestras lecturas, comparándolas divertidas con nuestras propias vivencias. Nos arrullábamos en la mecedora mientras escuchábamos De agua y de aire, embelesadas por la música y la voz de ese halaiquí que nos transportaba con sus historias al mágico puerto amurallado de Mogador, haciéndolo cualquier cosa, menos, inaccesible.
Con el paso del tiempo, hemos visto cómo, uno a uno, los libros sobre Mogador nos han envuelto como los dedos de una mano que nos arropa y nos mantiene unidas en una complicidad que podría carecer, incluso, de palabras, pues por gestos y miradas nos entenderíamos perfectamente.
Por fortuna, tenemos y teníamos muchas historias juntas; claves distintas para comunicarnos de manera traviesa en lugares públicos, lugares insospechados en donde nombrar “Mogador” se transformaba en un talismán que surgía de nuestro interior, que traía consigo historias sonámbulas y nos permitía compartir nuevos encuentros con nuestros fantasmas. Un talismán que nos reivindica en nuestra casta de sonámbulas desde hace nueve años ya, aun sabiendo que ya lo éramos mucho antes de ser nombradas.
Xóchitl Salinas Martínez
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| Xochitl y Caterina unidas por una sonrisa mogadoriana |
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| Un giro en el laberinto de las calles de Mogador |
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| Mogadoriano a punto de cruzar una de las puertas internas de la ciudad del deseo. Foto de Caterina Camastra. |
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| Puerta mogadoriana de madera con una Jamsa grabada, es una mano protectora contra el mal de ojo. Foto de Caterina Camastra. |
DEL PODER DE LA TINTA
La pasión tatuada
por Eugenia
Seguido por las historias y los tatuajes de Cecilia, Carolina, Mariana y Silvia
Mi amiga, la escritora y traductora Eugenia Noriega, autora de ese cuento bello y perturbador llamado Inmaculada, me sorprende de nuevo. Ahora con una huella profunda de su pasión en la piel: de la tinta bellamente trazada que literalmente se vuelve sangre. De la sangre que se vuelve tinta. Es decir, tatuaje.
"Tinta tenaz y tajante que corre de las páginas a la piel", dice Eugenia. Porque fue tomada de un libro para ser dibujada sobre la piel. Pero no es cualquier tatuaje: es justamente un tatuaje en caligrafía árabe, creada por un gran maestro del oficio: Hassan Massoudy. Autor de una escritura contemporánea y tradicional que en sus mejores momentos es a la vez obra de arte y búsqueda espiritual a través de la plenitud corporal. Esa búsqueda se intensifica al volverse parte del cuerpo, de la escritura total que es el cuerpo.
Tatuaje y caligrafía se convierten entonces en dos rituales cifrados. Cuentan sus historias a fondo tan sólo a aquellos iniciados, a los elegidos por la lógica incontenible y hasta delirante del deseo y el amor.
En el ámbito alterado de los amantes de Mogador, la caligrafía es labor de quienes desde ese delirio amoroso se vuelven visionarios del deseo. Y ponerse una caligrafía en el cuerpo es además visión de "Sonámbulos": de miembros secretos de esa casta de hipersensibles al deseo, descritos, estudiados e invocados en las cinco novelas que forman El quinteto de Mogador: Los nombres del aire; En los labios del agua; Los jardines secretos de Mogador, voces de tierra; La mano del fuego; Nueve veces el asombro.
Eugenia me envía esta fotografía del tatuaje que se ha puesto en la parte más alta de la espalda. Es la palabra pasión trazada en árabe por ese gran calígrafo que ella cita. Y es como una hoja otoñal que cuelga con gracia y a la vez como una llamarada doble que se levanta y se mete en una espiral.
La espiral y la llama juntas forman además una elipse dinámica, ardiente. Orbita compleja de dos centros distintos que se entrelazan. Me transmite sin duda la impresión del fuego de la pasión cuando entra en el cuerpo deseado y deseante.
Me hace pensar también en las variaciones y etapas de la pasión descrita: "1. La pasión, realidad de los sueños; 2. La pasión, fuego vital, fuego mortal; 3. La pasión, memoria dolorida." que -de la página 35 a la 80- constituyen el segundo capítulo de La mano del fuego. Donde se afirma que, como una caligrafía que admite múltiples lecturas, "Cada situación amorosa es una estrella de mil puntas. Puede ser descrita de maneras muy distintas y desde ángulos siempre cambiantes."
Al mismo tiempo, cada caligrafía tatuada, no sólo está escrita en primera persona, habla de quien la posee y quien la posee es quien habla. Su significado es un código que esa persona tiene y que es flotante: si ella quiere puede irlo modificando según los nuevos avatares de su vida. Ella es la dueña también de su sentido. De sus sentidos posibles.
Al final de aquel capítulo, el amante distraído descubre, muchos años después, que su amante, al abandonarlo, le salvó la vida aunque lo dejó sin amor. Y piensa: "Tal vez entonces yo hubiera sentido, de manera inocentemente trágica, que más vale la pena morir amado que vivir sin amor. (...) Ahora no me cabe duda, vale la pena vivir porque, con paciencia y un poco de ciencia, tanto el deseo como el amor son aves que pueden renacer de sus cenizas. Son memoria viva en el cuerpo enamorado. Y hasta los muertos y los ausentes y los amados inaccesibles renacen, si se tiene suerte, en otros cuerpos por algún tiempo. Aunque estos nunca lo sepan. Y, a veces, ni siquiera nosotros, los deseantes, lo sabemos con certeza. También por eso somos Sonámbulos." (p.79)
Parece que esta caligrafía de Eugenia estuviera colgando de un collar imaginario, irrompible, irremplazable. Del que sólo ella tiene las claves flotantes y sus renacimientos. Parece también que esa llama va trepando poco a poco hasta la nuca, levemente despeinada por el torbellino de besos que precede el paso de la pasión por ahí.
Eugenia ha escrito, acompañando su foto, esta reflexión palpitante:
El lúcido comentario de Eugenia Noriega puede servir de prólogo a otras historias, algunas de las muchas que me han enviado con fotos de tatuajes mogadorianos. Como éste de una caligrafía de Massoudy que figura en Los jardines secretos de Mogador, y que la bella Silvia me hizo llegar hace unos meses, Silvia a Secas, como le gusta su nombre desde que su tatuaje le permitió "rescatarse", como ella dice. Para Cecilia, su tatuaje fue la antesala o el umbral de un nuevo paraíso deseado con fervor y finalmente alcanzado. O la historia de María Fernanda, psicóloga, que con un tatuaje simboliza un laborioso exorcismo de sus miedos. O la de Carolina, que copió a mano en sus cuadernos durante años jardines secretos de sus afectos en palabras y en caligrafías para culminar sembrándolas en su cuerpo. Algunas otras ya figuran en este blog. Como las maravillosas de Karla en "La vida y la obra como una sola caligrafía", las de Ana Laura, en "Collar del deseo, tatuarse el viento", o la de la modelo y lectora anónima de "Tatuajes que florecen".
Vendrán luego muchas otras historias significativas. Cuando publiqué en Facebook el vínculo hacia este texto de Eugenia hubo muchísimas reacciones. En una de ellas, Joyce Buccio comenta: <<Fascinantes relatos, entiendo perfectamente el poder de las letras y los sentimientos íntimos que puede generar una idea. En esta post modernidad un tatuaje nos interna al origen atávico. Nos recuerda la permanencia de un "no olvido". Nos aferra a una constante y nos aleja de un leve "te quiero">>.
"Tinta tenaz y tajante que corre de las páginas a la piel", dice Eugenia. Porque fue tomada de un libro para ser dibujada sobre la piel. Pero no es cualquier tatuaje: es justamente un tatuaje en caligrafía árabe, creada por un gran maestro del oficio: Hassan Massoudy. Autor de una escritura contemporánea y tradicional que en sus mejores momentos es a la vez obra de arte y búsqueda espiritual a través de la plenitud corporal. Esa búsqueda se intensifica al volverse parte del cuerpo, de la escritura total que es el cuerpo.
Tatuaje y caligrafía se convierten entonces en dos rituales cifrados. Cuentan sus historias a fondo tan sólo a aquellos iniciados, a los elegidos por la lógica incontenible y hasta delirante del deseo y el amor.
En el ámbito alterado de los amantes de Mogador, la caligrafía es labor de quienes desde ese delirio amoroso se vuelven visionarios del deseo. Y ponerse una caligrafía en el cuerpo es además visión de "Sonámbulos": de miembros secretos de esa casta de hipersensibles al deseo, descritos, estudiados e invocados en las cinco novelas que forman El quinteto de Mogador: Los nombres del aire; En los labios del agua; Los jardines secretos de Mogador, voces de tierra; La mano del fuego; Nueve veces el asombro.
Eugenia me envía esta fotografía del tatuaje que se ha puesto en la parte más alta de la espalda. Es la palabra pasión trazada en árabe por ese gran calígrafo que ella cita. Y es como una hoja otoñal que cuelga con gracia y a la vez como una llamarada doble que se levanta y se mete en una espiral.
La espiral y la llama juntas forman además una elipse dinámica, ardiente. Orbita compleja de dos centros distintos que se entrelazan. Me transmite sin duda la impresión del fuego de la pasión cuando entra en el cuerpo deseado y deseante.
Me hace pensar también en las variaciones y etapas de la pasión descrita: "1. La pasión, realidad de los sueños; 2. La pasión, fuego vital, fuego mortal; 3. La pasión, memoria dolorida." que -de la página 35 a la 80- constituyen el segundo capítulo de La mano del fuego. Donde se afirma que, como una caligrafía que admite múltiples lecturas, "Cada situación amorosa es una estrella de mil puntas. Puede ser descrita de maneras muy distintas y desde ángulos siempre cambiantes."
Al mismo tiempo, cada caligrafía tatuada, no sólo está escrita en primera persona, habla de quien la posee y quien la posee es quien habla. Su significado es un código que esa persona tiene y que es flotante: si ella quiere puede irlo modificando según los nuevos avatares de su vida. Ella es la dueña también de su sentido. De sus sentidos posibles.
Al final de aquel capítulo, el amante distraído descubre, muchos años después, que su amante, al abandonarlo, le salvó la vida aunque lo dejó sin amor. Y piensa: "Tal vez entonces yo hubiera sentido, de manera inocentemente trágica, que más vale la pena morir amado que vivir sin amor. (...) Ahora no me cabe duda, vale la pena vivir porque, con paciencia y un poco de ciencia, tanto el deseo como el amor son aves que pueden renacer de sus cenizas. Son memoria viva en el cuerpo enamorado. Y hasta los muertos y los ausentes y los amados inaccesibles renacen, si se tiene suerte, en otros cuerpos por algún tiempo. Aunque estos nunca lo sepan. Y, a veces, ni siquiera nosotros, los deseantes, lo sabemos con certeza. También por eso somos Sonámbulos." (p.79)
Parece que esta caligrafía de Eugenia estuviera colgando de un collar imaginario, irrompible, irremplazable. Del que sólo ella tiene las claves flotantes y sus renacimientos. Parece también que esa llama va trepando poco a poco hasta la nuca, levemente despeinada por el torbellino de besos que precede el paso de la pasión por ahí.
Eugenia ha escrito, acompañando su foto, esta reflexión palpitante:
DEL PODER DE LA TINTA
Cuando veo un tatuaje en el cuerpo de una persona no puedo resistir la tentación de preguntar qué significa, qué historia encierra. Claro que no falta quien despierta después de una desafortunada noche de farra con un Piolín en una nalga y sin recuerdo alguno del incidente, pero creo que en la mayoría de los casos la decisión de tatuarse trae consigo una carga fuerte de sentimientos y símbolos. Un tatuaje puede ser un hito, un ancla, una promesa, una brújula. Lo hacemos para recordar eso que no queremos olvidar nunca. Un amor, un momento, un sueño… o sólo algo que nos gusta. Algo que habla sobre nosotros, sobre lo que somos y lo que queremos ser. El tatuaje se yergue en medio del tiempo como una roca en medio de un río, inmutable, indeleble. Y años después, sobre una piel completamente distinta, sigue repitiendo con tenacidad el mensaje que se le encomendó. La mariposa aletea: sé siempre libre, no te dejes atrapar. El dragón susurra con su aliento cálido la magia existe, todo es posible. Un ancla en el tobillo mantiene a su portadora con los pies firmes sobre la tierra, aunque tenga la cabeza en las nubes. Cada historia es fascinante. Hasta la del Piolín. Y el tiempo le da a cada una nuevas dimensiones y matices, dejos de ironía, de sino, de nostalgia, de las mil historias más que se van acumulando sobre ésa que se plasmó en tinta. La tinta tiene vocación de permanencia en un mundo destinado al cambio. Se rebela contra la fugacidad de cada instante. En un tatuaje, en un libro, la tinta le da cuerpo y vida a una idea, a una obsesión; construye un puente a través del cual dos mentes pueden unirse y comulgar, jugar, esconderse, desnudarse, amarse. La tinta puede ser una máscara y también un espejo.
Tengo tatuada en la espalda, con tinta roja, una caligrafía de Hassan Massoudy. La encontré en el libro En los labios del agua, de Alberto Ruy Sánchez. Ese libro fue para mí el primer paso de un camino largo y fascinante que me llevó de la penumbra a la luz, a un fuego que me incendió y me llenó de vida. De magia. Y mi tatuaje arde abajito de mi nuca como una antorcha para que ese fuego jamás, jamás, se apague en mí. Sus trazos curvos y lúdicos de serpentinas y hoja de árbol a la vez esconden y gritan la palabra PASIÓN. Es inquieto, lo siento a veces bailando en mi piel; es un tatuaje lleno de historias y motivos y secretos. Igual que los libros, los tatuajes son experiencias personalísimas, muy, muy íntimas. Nadie puede vivirlos con nosotros. Esos puentes que tiende la tinta sólo los podemos recorrer en soledad. Pero algunos libros tienen una vocación tan fuerte, tan decidida, que pueden trastornar y transformar a más de una persona. A muchas. Las experiencias de cada lector son radicalmente distintas, pero existe algo más, algo de fondo que nos une. Este fuego que me quema ya lo he visto arder en otros ojos, en otras pieles. Hay tantas caligrafías de Massoudy que a través de los libros de Ruy Sánchez se han convertido en tatuajes, que el calígrafo incluso ha dicho en broma "Si esto sigue así llegará un momento en que habrá más obra mía sobre la piel de las lectoras de Mogador que sobre papel". Massoudy dice “lectoras” pero yo he visto a más de un lector dejarse consumir por esta deliciosa obsesión. Cada quien encuentra su signo y lo hace suyo. A partir de los cinco libros de Mogador se ha creado no sólo una Casta, la de los Sonámbulos, sino un mundo vivo y pleno, que a tantos nos ha dado el cobijo y el consuelo de saber y sentir que no estamos solos. Ya se sabe que el alma y el aliento de este universo es el deseo, pero su sangre es la tinta. Tinta tenaz y tajante que corre de las páginas a la piel. Y de regreso, cuando alguien escribe sobre los tatuajes, como ahora.
Eugenia Noriega
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Vendrán luego muchas otras historias significativas. Cuando publiqué en Facebook el vínculo hacia este texto de Eugenia hubo muchísimas reacciones. En una de ellas, Joyce Buccio comenta: <<Fascinantes relatos, entiendo perfectamente el poder de las letras y los sentimientos íntimos que puede generar una idea. En esta post modernidad un tatuaje nos interna al origen atávico. Nos recuerda la permanencia de un "no olvido". Nos aferra a una constante y nos aleja de un leve "te quiero">>.
La novela En los labios del agua tiene como protagonista a un calígrafo: Aziz el viejo. Un meticuloso artesano de la escritura árabe que dibuja letras con maestría inigualable. Su actividad creativa, lo que dibuja y escribe de manera tan singular, se vuelve metáfora de lo que quiere ser la escritura de ese libro y de todo el Quinteto de Mogador: una forma nueva, recreada en la adversidad, artesanalmente bella y muy significativa. Forma que es contenido.
El calígrafo también ve en sus cartas enviadas a la amada, perfectamente dibujadas, la forma de su deseo por ella: sus letras son como él: voluptuoso y controlado.
La caligrafía en el mundo árabe es vista como una red de significados secretos que necesariamente se manifiestan como escritura de dios. Y aparecen con frecuencia a través de los sueños. Una caligrafía soñada puede ser considerada una premonición que debe ser descifrada meticulosamente. Labor de visionarios y sonámbulos.
Una pieza de caligrafía árabe es a la vez un sonido, un valor numérico, un texto y una forma plástica. Cuatro caminos certeros para que avance la caligrafía en nosotros, su significado múltiple y su fuerza. La caligrafía hace evidente la relación entre la escritura y el cuerpo, tanto de quien escribe como de quien lee.
EL TATUAJE:
LLAVE EN EL UMBRAL
DE TU FUTURO
Hola Alberto, quiero compartir contigo la foto de mi tatuaje, sacado por supuesto de tu libro Los Jardines secretos de Mogador. Me tomó algo de tiempo decidirme a compartirlo contigo, pero ¡ea! aquí va. Sólo puedo decirte que tu libro, y el correspondiente tatuaje llegaron a mi vida en un momento de catársis muy grande. Me habían dicho que no podía tener familia y mi pareja acababa de dejarme. Estaba como una loca tratando de encontrarle sentido a mi existencia y entonces llegaron tus palabras y las imágenes inolvidables de la caligrafía de Hassan Massoudy. El día que me hice el tatuaje me acompañó una querida amiga -eso tenemos en común tú y yo, a la señora Alicia Ahumada- y ella me dijo: "Ya solo te falta el jardinero"... Un par de meses después de ponerme el tatuaje supe que estaba embarazada y con mi pequeña bebé también llegó mi jardinero. Ahora estamos juntos, tengo una familia hermosa, soy feliz y cargo conmigo, muy cerca del ombligo y del centro de mis deseos, el secreto de tus jardines secretos de Mogador. ¡Muchas gracias!
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LLAVE EN EL UMBRAL
DE TU FUTURO
Hola Alberto, quiero compartir contigo la foto de mi tatuaje, sacado por supuesto de tu libro Los Jardines secretos de Mogador. Me tomó algo de tiempo decidirme a compartirlo contigo, pero ¡ea! aquí va. Sólo puedo decirte que tu libro, y el correspondiente tatuaje llegaron a mi vida en un momento de catársis muy grande. Me habían dicho que no podía tener familia y mi pareja acababa de dejarme. Estaba como una loca tratando de encontrarle sentido a mi existencia y entonces llegaron tus palabras y las imágenes inolvidables de la caligrafía de Hassan Massoudy. El día que me hice el tatuaje me acompañó una querida amiga -eso tenemos en común tú y yo, a la señora Alicia Ahumada- y ella me dijo: "Ya solo te falta el jardinero"... Un par de meses después de ponerme el tatuaje supe que estaba embarazada y con mi pequeña bebé también llegó mi jardinero. Ahora estamos juntos, tengo una familia hermosa, soy feliz y cargo conmigo, muy cerca del ombligo y del centro de mis deseos, el secreto de tus jardines secretos de Mogador. ¡Muchas gracias!
Cecilia G. Juárez
SILVIA A SECAS Y SU TATUAJE
"Te cuento que para mí fue como "empoderarme": como el inicio de recuperarme. Silvia a secas, sin pertenencias de ningún tipo ni roles, más que el de mí misma. Silvia desde pequeña fue la apartada de la familia, por que ella así lo decidió. Es la más chica de cinco hermanos. Familia disfuncional viviendo en aparente tranquilidad. El lema de "aquí no pasa nada lo tenían todos ¨tatuado¨en la piel. Sus hermanas mayores se enamoraron locamente y se fueron con el novio a no tan temprana edad. A Silvia los padres la tenían catalogada como la sensata de la familia. La del novio de toda la vida. Un hijo más para ellos, así lo veían. San novio y San sentada tenían que casarse para salvar el honor de la familia. Silvia cedió todo el poder a los otros. A los padres y después al marido que dirigieron su vida. Dirigían y no. Silvia se creía esa etiqueta pero lidiaba con su verdadera esencia. Detrás de la Silvia sensata está una mujer ardiente, rara y loca, intensa. Lidió durante muchos años con esas dualidades. Era intensa y a la vez pasiva, necesitaba que los otros la hicieran arder. Hasta que dejó poco a poco salir a la Mujer, a esa Silvia a secas que tanto se gusta y acepta que lo de ella no es ese mundo de ¨buenas costumbres¨ y de pasos agigantados. Para Silvia la felicidad radica en el goce de las cosas simples, en el disfrute tanto de la tristeza como de la felicidad. Le pasaba siempre por la mente hacerse un tatuaje. No se atrevía por el sermón dominical de su madre: ¨Las mujeres decentes no se tatúan." ¿Pero por qué si el ser es más que un tatuaje? se decía Silvia. En fin, llegó a ella esa lectura y así fue descubriendo y aceptando su naturaleza . Decidió tatuarse ¨Jardines íntimos y mínimos.¨ Allí empezó a recuperar su poder sobre sí misma. Con mil situaciones por resolver. Su esposo duró dos semanas sin hablarle. Allí confirmó que dominar a su mujer sería un reto: ja ja, después de diez años de matrimonio apenas empezaba a conocer a la mujer que habitaba en Silvia, la supuesta sensata. Su madre se enteró después de dos años de la existencia del tatuaje. Casi se desmaya al verlo. Su amado lo llegó a delinear con los dedos y la lengua. Su tatuaje fue el detonante que provocara una historia de amor a la sombra. Así las cosas con Silvia a Secas. Gracias por esta catarsis."
Silvia
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DE INQUIETUDES Y TEMORES
Te cuento un poco: espero poder sintetizar todo ese proceso que me llevó a tatuarme y lo que ha representado desde entonces. Cuando tenía cerca de 20 años descubrí un libro tuyo titulado De cuerpo entero, que por muchas razones tiene un gran significado en mi mundo interno y mis raíces. Quedé enamorada de la sensualidad con la que tus palabras envuelven. Posteriormente me devoré Los nombres del aire y esperé con una necesidad difícil de plasmar en palabras, el siguiente libro que me volviera a llenar de pasión e ilusión. Entonces, llegó En los labios del agua, que se convirtió en mi libro de cabecera. Leía una y otra vez los sueños que incluyes en el libro, y por razones que aún desconozco, aliviaban la tristeza que me ha acompañado en muchos momentos de la vida. Creí que no habría otro libro que lograra eso, pero entonces llegó a mis manos Los Jardines secretos de Mogador y volví a experimentar esa hermosa sensación que cada una de tus palabras ha logrado en mí. Al ver las caligrafías recordé que desde muy joven había querido tatuarme pero no había encontrado algo que me representara. Y en ese momento no lo hice. Algunos años después compartí mi vida con alguien y decidí separarme, llena de miedo, sabiendo que quedarme ahí sería renunciar a mis ilusiones y a lo más importante: la pasión por la vida. Fue la decisión emocionalmente más difícil que he tomado. Sentía un miedo paralizante y al mismo tiempo un gran deseo de seguir, de vivir, de sorprenderme y de encontrar a ese otro que viviera con la misma pasión con la que yo necesito vivir. Estuve muy cerca de mi familia y un primo amante de los tatuajes me dio ese pequeño empujón que necesitaba. Veía las caligrafías en el libro una y otra vez y aunque había muchos significados que me gustaban, el que elegí fue uno del que no podía quitar la mirada, así que decidí que formara parte de mi para siempre. Todo este proceso emocional fue acompañado de un análisis profundo que como psicóloga llevé por muchos años: Entonces descubrí que durante los meses anteriores al tatuaje, mi trabajo interno se había enfocado en reconocer mis miedos y como éstos me paralizan y reconocer todas esas inquietudes que tenía. Ahora creo que el tatuaje es una clara representación de parte de mi mundo interno y un recordatorio de cómo el miedo siempre me acompañará. Y que tengo que recordarlo para enfrentarlo y no dejar a un lado todo aquello que me apasiona y que me llena de vida. Así que el tatuaje “DE INQUIETUDES Y TEMORES” simboliza una parte de mi inconsciente que no puede volver a la obscuridad.
Mariana Hill
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SEMBRAR JARDINES SECRETOS
EN EL CUERPO
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Otros tatuajes que tendrán sus historias:
SEMBRAR JARDINES SECRETOS
EN EL CUERPO
"Verás, un amigo recibió tu libro como un regalo muy preciado cuando estábamos en la escuela preparatoria. Tan preciado era que sólo me dejaba leerlo entre clases y copiar las caligrafías que los dos nos pintabamos. Los márgenes de mis cuadernos tenían párrafos de tu libro escritos por mí y el amigo nunca me soltó el libro, ni una tarde completa siquiera. Lo busqué por esos días en librerías y no lo encontré en ninguna. Con el tiempo desistí y sólo me quedé con el recuerdo de aquella complicidad. En el verano de este año mi amigo pasó un fin de semana en casa. Venía de un viaje y traía consigo Los jardínes secretos de Mogador. Cuando lo vi de nuevo le mostré que aún conservo las anotaciones de mis cuadernos. Había tirado la mayoría de los cuadernos pero arranqué esas hojas para conservarlas y las releímos juntos. Al despedirse le pedí prestados Los jardines secretos y por fin se me hizo tenerlos conmigo unas noches. Al tercer día me escribió diciendo que me lo obsequiaba por nuestra amistad de tantos años. También mencionó que no podía estar en mejores manos que las mías que habían dedicado mucho tiempo a copiarlos y dibujarlos. Y es así más o menos como vine fraguando la idea de plasmar esos jardines secretos de una vez por todas en mi cuerpo. Me da gusto que te haya agradado el tatuaje y también aprovecho para agradecerte por esas páginas y por todo lo que vino con ellas. Por lo menos mi amigo y yo nos enamoramos de ellas y de sus letras, de sus dibujos y de sus fantasías que hicimos nuestras. Te mando un fuerte abrazo."
Carolina Sosa
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Otros tatuajes que tendrán sus historias:
Alán
EL DESEO POR LA BOCA
y la TORTA AHOGADA MOGADOR
Siempre es extraño y alegra que las historias que uno escribe en la intimidad de los sueños y las fantasías, las ciudades que uno imagina e incluso las palabras de amor entre los amantes que uno pone en la boca de sus personajes, comiencen a vivir de diversas maneras entre los otros. Un chef brasileño puso en su blog y comentó con entusiasmo gourmet la introducción de mi libro Nueve veces el asombro, donde dos amantes, con los labios hipersensibles de tanto comerse uno al otro, se dicen palabras que vibran en su boca y despiertan su apetito: azafrán, aceite, azulejo. Una de ellas, la palabra Mogador. Nombre de la ciudad de la amada, de la ciudad del deseo, cuya descripción poética ambos se saborean en sus cuerpos.
Ya el año pasado en Bogota, gracias a que me lo dijo mi amigo el escritor y editor Mario Jursich, fuimos al restaurante Matiz, nombrado así en honor del gran fotógrafo colombiano que amó México, para encontrar una deliciosa ensalada Jardín Secreto de Mogador, con rebanadas de higos y fresas entre las hojas de una esponjada lechuga. Y estaba de verdad buenísima. La mezcla de una lechuga amarguita con frutos muy dulces y de carácter fuerte despertaba el deseo. Me falta ir a probar al restaurante de la librería El Péndulo, en La Condesa, una Sopa de berros Ruy Sánchez, seguida de una ensalada de germen Hesse, que también ha de ser eco de Jardín Secreto y de la que primero me avisó mi amiga la escritora y traductora Eugenia Noriega, con una afectuosa notita irónica que acompañaba la foto y decía: "Hasta en la sopa".
La historia de la Torta Mogador es sin duda hasta ahora la más sustanciosa:
Paulina Vieitez tuvo la excelente idea de organizar un festival gourmet en Sanborns hace varios años y se celebra cada octubre. Una docena de los mejores chefs de México participan y por un mes en todos los sanborns se ofrecen versiones de la mejor cocina de autor mexicana. Paulina tuvo la idea este año de reunir a los chefs con escritores cuyos libros inspiraran la creatividad culinaria y ayudaran a nombrar los platos. A mi me tocó el placer, sinceramente un gran placer, de trabajar con Daniel Ovadia, un joven chef, dueño del restaurante Paxia, entre otros. Donde suma la invención a la tradición con altísima calidad y con un enorme respeto a los provedores culinarios, tanto de ingredientes como de preparaciones avanzadas, como el mole, que alimentan su cocina y provienen de todo el país. La cocina tradicional de las regiones tiene un eco privilegiado en sus mesas. Pero además, su toque personal, su sazón, es inusitado y hace toda la diferencia.
Daniel leyó mis libros y se puso a investigar. Aprovechando la nueva edición que acaba de hacer Alfaguara de mis cinco libros sobre el deseo que componen El Quinteto de Mogador. Habíamos hablado de los muchos paralelos entre México y Marruecos y se puso ávidamente a buscarlos también en la cocina. Su apetito cultural fue rápidamente recompensado. Encontró que en Marruecos se hace un tipo de barbacoa adobada que se llama Mashwi, está bañada en salsa picante y se come con las manos en el pan de ellos. Así se le ocurrió inventar la Torta ahogada Mogador. Una delicia bañada en salsita de tomate y chile de árbol que huele y sabe a laurel y orégano. Y que, según Daniel, "hace realidad el vínculo entre la mano, la pasión y el fuego, como en los libros de Alberto. Como en La mano del Fuego".
Tortas ahogadas de deseo en Mogador: El jardín secreto en los labios de Jassiba
Ya el año pasado en Bogota, gracias a que me lo dijo mi amigo el escritor y editor Mario Jursich, fuimos al restaurante Matiz, nombrado así en honor del gran fotógrafo colombiano que amó México, para encontrar una deliciosa ensalada Jardín Secreto de Mogador, con rebanadas de higos y fresas entre las hojas de una esponjada lechuga. Y estaba de verdad buenísima. La mezcla de una lechuga amarguita con frutos muy dulces y de carácter fuerte despertaba el deseo. Me falta ir a probar al restaurante de la librería El Péndulo, en La Condesa, una Sopa de berros Ruy Sánchez, seguida de una ensalada de germen Hesse, que también ha de ser eco de Jardín Secreto y de la que primero me avisó mi amiga la escritora y traductora Eugenia Noriega, con una afectuosa notita irónica que acompañaba la foto y decía: "Hasta en la sopa".
La historia de la Torta Mogador es sin duda hasta ahora la más sustanciosa:
Paulina Vieitez tuvo la excelente idea de organizar un festival gourmet en Sanborns hace varios años y se celebra cada octubre. Una docena de los mejores chefs de México participan y por un mes en todos los sanborns se ofrecen versiones de la mejor cocina de autor mexicana. Paulina tuvo la idea este año de reunir a los chefs con escritores cuyos libros inspiraran la creatividad culinaria y ayudaran a nombrar los platos. A mi me tocó el placer, sinceramente un gran placer, de trabajar con Daniel Ovadia, un joven chef, dueño del restaurante Paxia, entre otros. Donde suma la invención a la tradición con altísima calidad y con un enorme respeto a los provedores culinarios, tanto de ingredientes como de preparaciones avanzadas, como el mole, que alimentan su cocina y provienen de todo el país. La cocina tradicional de las regiones tiene un eco privilegiado en sus mesas. Pero además, su toque personal, su sazón, es inusitado y hace toda la diferencia.
Daniel leyó mis libros y se puso a investigar. Aprovechando la nueva edición que acaba de hacer Alfaguara de mis cinco libros sobre el deseo que componen El Quinteto de Mogador. Habíamos hablado de los muchos paralelos entre México y Marruecos y se puso ávidamente a buscarlos también en la cocina. Su apetito cultural fue rápidamente recompensado. Encontró que en Marruecos se hace un tipo de barbacoa adobada que se llama Mashwi, está bañada en salsa picante y se come con las manos en el pan de ellos. Así se le ocurrió inventar la Torta ahogada Mogador. Una delicia bañada en salsita de tomate y chile de árbol que huele y sabe a laurel y orégano. Y que, según Daniel, "hace realidad el vínculo entre la mano, la pasión y el fuego, como en los libros de Alberto. Como en La mano del Fuego".
"Para la cena, sigue Daniel, me enfoqué en la cuestión de las flores y los Jardines secretos de Mogador. Y busqué un plato que pudiera ser descrito de manera distinta después de cada bocado. Preparé una sopa, una Crema de calabacita, poro y papa. Acompañada de dos quesadillas de flor de calabaza. La idea es que la gente vaya comiendo la sopa y las quesadillas, juntas o separadas, "chopeadas" o como sea. Y que ,como en los libros de Alberto, el que la come se mueva con libertad, sin un guión lineal o rutinario, como suelen hacer sus lectores." Sopa jardín secreto. Paulina me escribió: "Te envío las propuestas de Daniel. Me gustaría que me ayudaras a bautizar los platillos para darles el sentido que queremos vinculando tus obras con ellas. Propongo algo sencillo para que la gente en general lo entienda." Y, haciendo más de lo que me pedía, escribí además para cada platillo propuesto por Daniel unas líneas de microcuento inventando el origen, la mitología popular mogadoriana de cada una de sus delicias culinarias:
Dicen que un pirata invencible sucumbió al beso que le había robado a una mujer en la ciudad amurallada de Mogador. Finalmente prefirió ahogarse que vivir sin ella. En su memoria se inventó esta legendaria torta ahogada de barbacoa.
Dicen que como esta flor de calabaza escondida entre quesos y adentro de una sopa, Jassiba, la mujer más bella de Mogador guardaba el secreto de un amor clandestino. Así, en silencio, comía esta delicia llena de sensaciones no dichas y llevaba el paraíso en su cuerpo todos los días.
CARTA PARA EL FESTIVAL
LETRAS DE OTOÑO
En Montauban
Desde mi primera visita a la ciudad de Montauban, en 2006, quedé enamorado de su belleza, de su piel bronceada en el horno de los tabiques antiguos que la cubren. Me volví un fantasma reincidente que camina en sueños por sus calles, sus plazas, sus puentes.
Y cuando admiro la sensualidad en la obra de su pintor mayor, Dominique Ingres, creo reconocer en ella el carácter de la ciudad. Las conversaciones y las presencias sonrientes de sus habitantes, siempre sensibles y cordiales, me producen una enorme alegría.
Todo eso, sin duda, por haber entrado a la ciudad por primera vez a través de su mejor puerta: el Festival Letras de Otoño, una joya entre los festivales literarios del mundo. Para mí , ejemplo de generosidad y creatividad.
Agradezco y gozo esta invitación y esta oportunidad de compartir con la ciudad mis seducciones de la lectura y del arte proveniente de varios rincones del mundo y sobre todo de México.
Ser el invitado especial de este Festival Letras de Otoño en su vigésima edición es una alegría excepcional en mi vida de escritor.
Alberto Ruy Sánchez
16 de noviembre al 5 de diciembre 2010
EL VIENTO DANZA
Sobre Tarde en Mogador
Coreografía y Solo de Tatiana Zugazagoitia
El viento danza.
Por el viento encarnan los espíritus.
En el viento somos otros cada día.
Cuando escribí Los nombres del aire y la mirada de Fatma, su protagonista, comenzó a extenderse hasta la orilla del mar volando por encima de las murallas de la ciudad imaginaria de Mogador, nunca podría haber imaginado que otras mujeres se identificarían con ella, la harían suya y crearían su propio Mogador a la orilla de su piel.
Este extraño renacimiento de lo que uno escribe es uno de los mejores regalos que puede recibir un escritor. Gracias a ese don inesperado Fatma ha tomado cuerpo en más horizontes de los que yo podría haber pensado y la comprobación de cada una de sus nuevas vidas, aunque puedan ser breves, me llena de alegría. Fatma ha tenido ahora la suerte de reencarnar en un cuerpo que danza con pasión.
Tatiana Zugazagoitia la ha hecho suya en este Solo de danza, la ha moldeado con la tensión de sus propios músculos, ha traducido a intensos movimientos corporales su indeterminación, su rebeldía ante su destino, sus sueños, sus miedos, su melancolía, su iniciación al mundo de los sentidos, sus placeres infinitos, su búsqueda de otro ser, el vuelo de su espíritu inflamado de deseo.
Es Tatiana la que de pronto corre en Mogador como el viento, se cuela entre los arrecifes silbando, eleva los velos, acaricia con fuerza el cabello de quienes pasen por ahí y hasta se mete entre las piernas y los brazos de quienes la observamos ir y venir de un rincón al otro de sus deseos, de su escenario.
El cuerpo de Tatiana no sólo se vuelve personaje sino tambien necesariamente relato. Ella es lo que se cuenta y cómo se cuenta. En sus movimientos está entonces la poesía y la intensidad con la que ella nos hace sentir su versión de las pasiones de Fatma una tarde de amor en Mogador, la ciudad del deseo.
Tarde en Mogador se presentará en el 2010 en:
Mérida: el 3 de noviembre, en el Teatro Peón Contreras, alas 21.00hrs
Ciudad de México: 16 y 17 de noviembre, sala Miguel Covarrubias, UNAM, 20.00 hrs
Por el viento encarnan los espíritus.
En el viento somos otros cada día.
Cuando escribí Los nombres del aire y la mirada de Fatma, su protagonista, comenzó a extenderse hasta la orilla del mar volando por encima de las murallas de la ciudad imaginaria de Mogador, nunca podría haber imaginado que otras mujeres se identificarían con ella, la harían suya y crearían su propio Mogador a la orilla de su piel.
Este extraño renacimiento de lo que uno escribe es uno de los mejores regalos que puede recibir un escritor. Gracias a ese don inesperado Fatma ha tomado cuerpo en más horizontes de los que yo podría haber pensado y la comprobación de cada una de sus nuevas vidas, aunque puedan ser breves, me llena de alegría. Fatma ha tenido ahora la suerte de reencarnar en un cuerpo que danza con pasión.
Tatiana Zugazagoitia la ha hecho suya en este Solo de danza, la ha moldeado con la tensión de sus propios músculos, ha traducido a intensos movimientos corporales su indeterminación, su rebeldía ante su destino, sus sueños, sus miedos, su melancolía, su iniciación al mundo de los sentidos, sus placeres infinitos, su búsqueda de otro ser, el vuelo de su espíritu inflamado de deseo.
Es Tatiana la que de pronto corre en Mogador como el viento, se cuela entre los arrecifes silbando, eleva los velos, acaricia con fuerza el cabello de quienes pasen por ahí y hasta se mete entre las piernas y los brazos de quienes la observamos ir y venir de un rincón al otro de sus deseos, de su escenario.
El cuerpo de Tatiana no sólo se vuelve personaje sino tambien necesariamente relato. Ella es lo que se cuenta y cómo se cuenta. En sus movimientos está entonces la poesía y la intensidad con la que ella nos hace sentir su versión de las pasiones de Fatma una tarde de amor en Mogador, la ciudad del deseo.
Tarde en Mogador se presentará en el 2010 en:
Mérida: el 3 de noviembre, en el Teatro Peón Contreras, alas 21.00hrs
Ciudad de México: 16 y 17 de noviembre, sala Miguel Covarrubias, UNAM, 20.00 hrs
Montauban, Francia , el 4 de diciembre, 17.00 hrs. Dentro del Festival LETRAS DE OTOÑO. (Programa completo del festival, aquí.)
LA GRAN INCREPADORA DE CHENGDÚ
Vuelvo a verla y me exaspera y me conmueve. Me habita. Me doy cuenta de que me recuerda a mi abuela materna, que algo tenía de bruja buena y de pronto le daba por ahuyentar fantasmas con una espada imaginaria bajando una escalera. El tema de la relación con lo invisible, que obsesiona a este blog y al ciclo de libros de Mogador, renace en esta mujer y su diálogo ritual con el más allá. Aquí es evidente e interesante para mí la relación entre el deseo intenso como escalera hacia lo que está más allá de nosotros.
Invitado a China por el Festival literario de las librerías Bookworm, pude visitar, entre otros sitios apasionantes, este templo excepcionalmente preservado en una ciudad que fue muy bella, destruida en gran parte por el tsunami de concreto que urbaniza a toda China. Entre otras sorpresas, ésta:

En el Templo Taoísta de las Dos Cabras Verdes, en la ciudad china de Chengdú, de pronto una mujer hizo ante nosotros un ritual inusitado y maravilloso. Más de media hora estuvo cantando y hablando bruscamente con sus dioses, reclamándoles cosas, festejándolos también. Ella era, esa tarde de febrero 2010, la Gran Increpadora de una nueva mitología post maoista. Ese día la filmé rudimentariamente y escribí un poema:
LA INCREPADORA DE CHENGDÚ
Ella ata su voz
al capricho ascendente
del incienso.
Trepa sus palabras de humo
al caballo bronco de este olor.
Y no crepita una vara
sino un bosque
en la mano izquierda.
Con la otra hace cuentas,
pases, señas, amenazas.
De pronto canta y baila
y grita al cielo.
Reclama, exige, niega
y vuelve a la plegaria.
¿Dónde hacía estos rituales
cuando estaban prohibidos
con pena de muerte?
Décadas de contacto secreto
con sus dioses.
Pensarlo da escalofríos.
Su gesto me lleva sin más
a mirar al cielo
y murmurar los nombres
de los míos, lejos,
o ausentes.
A viajar en humo
y anudarme
ardiendo
en secreto
lentamente
en su incienso.
Invitado a China por el Festival literario de las librerías Bookworm, pude visitar, entre otros sitios apasionantes, este templo excepcionalmente preservado en una ciudad que fue muy bella, destruida en gran parte por el tsunami de concreto que urbaniza a toda China. Entre otras sorpresas, ésta:

En el Templo Taoísta de las Dos Cabras Verdes, en la ciudad china de Chengdú, de pronto una mujer hizo ante nosotros un ritual inusitado y maravilloso. Más de media hora estuvo cantando y hablando bruscamente con sus dioses, reclamándoles cosas, festejándolos también. Ella era, esa tarde de febrero 2010, la Gran Increpadora de una nueva mitología post maoista. Ese día la filmé rudimentariamente y escribí un poema:
LA INCREPADORA DE CHENGDÚ
Ella ata su voz
al capricho ascendente
del incienso.
Trepa sus palabras de humo
al caballo bronco de este olor.
Y no crepita una vara
sino un bosque
en la mano izquierda.
Con la otra hace cuentas,
pases, señas, amenazas.
De pronto canta y baila
y grita al cielo.
Reclama, exige, niega
y vuelve a la plegaria.
¿Dónde hacía estos rituales
cuando estaban prohibidos
con pena de muerte?
Décadas de contacto secreto
con sus dioses.
Pensarlo da escalofríos.
Su gesto me lleva sin más
a mirar al cielo
y murmurar los nombres
de los míos, lejos,
o ausentes.
A viajar en humo
y anudarme
ardiendo
en secreto
lentamente
en su incienso.
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