"Sin saberlo, todos entramos en los sueños amorosos de quienes se cruzan con nosotros y nos rodean...
así cada uno abre a todos su cuerpo y a todos se lo entrega. "
Marguerite Yourcenar

Tatuarse es hacer un collage con el cuerpo

Siguen llegando historias de tatuajes tomados de Los Jardines secretos y de Nueve veces el asombro. Estos últimos más sencillos, más fáciles de hacer, pero también puestos en lugares más íntimos o secretos. Como un pequeño tesoro que alguien encuentra después de abrir varios pliegues del cuerpo. Mientras que las caligrafías de Los Jardines Secretos fueron hechas por el artista iraquí Hassan Massoudy, las de Nueve veces el asombro pertenecen a un simple alfabeto: un manual para aprender a escribir en árabe. Ambas son muy bellas. Y más bellas aún sobre un cuerpo femenino que deja que las letras corran por su cuerpo y se alojen muy adentro, donde sólo los amantes pueden visitar: mirar, tocar, besar: leer con todo el cuerpo.
Una historia curiosa es la de una mujer que me escribe y me manda la foto de un collage que hice hace un año y que salió publicado en Confabulario, del periódico El Universal. Es un collage que mezcla el paso de un universo a otro, guiado por un ángel. Y varias mujeres en posiciones diversas. Arriba, una de espaldas que es una diosa sensual, ocupada en sí misma. Aunque tal vez, por ser diosa, nos ve sin necesidad de mirarnos. Abajo, otra mujer también desnuda y de espaldas tiene lodo bellamente extendido con la mano sobre sobre sus hombros, como un ángel caído y al que se le nota lo acariciado. En medio, guiada por un ángel a su izquierda, el personaje central, una mujer mediterránea, con tatuajes bereberes muy simples sobre el cuerpo: un triángulo invertido que remonta su pubis hasta el ombligo y dos semicírculos que rodean su pecho por arriba. Dos figuras inversas a la geometría del cuerpo y que le dan una extraña ligereza.
Pues resulta que recibo mi collage "intervenido" por esta lectora que le añadió en el vientre el tatuaje de Los Jardines secretos: wel que dice "nosotros somos el jardín". Ella me dice que se lo puso en cuanto lo vio en el periódico, empujada por la sensación de que algo le faltaba a lo que yo había hecho. Me fascina que las lectoras completen lo que hago, que lo hagan suyo, lo reescriban, lo dibujen, lo bailen, se lo pongan sobre su cuerpo y lo vivan a su manera. Eso es lo que han hecho las coreógrafas, bailarinas y compositores que han trabajado sobre mis libros, como la bella adapatación que hizo Tatiana Zugazagoitia de las Tardes de Mogador hace algún tiempo.
La lectora entusiasta que intervino mi collage me dice: "No podía dejar de pensar que esa mujer, guiada por el ángel, soy yo. En aquellos días tuve un amante que me dejó tan feliz y conmovida que sentí que todo lo hacía por primera vez. El me inició a una dimensión del sexo que yo no sospechaba, que nadie me había dicho que podía existir, me convirtió en otra. Una dimensión del sexo, o sea de la vida, de la que sólo he podido encontrar noticia escrita en sus libros. Que por cierto no dejo de regalar y que me acompañan a donde yo vaya, incluyendo a la cama con los amantes que desde hace entonces he tenido. Sus palabras, señor Ruy Sánchez, son parte de mi cuerpo amante, doblegan la violencia de los hombres bruscos, los empujan y los retan a ser más sensibles y delicados. Por eso, cuando tuve bajo mis ojos ese collage de una mujer iniciada por un ángel a los secretos inmensos y maravillosos del universo, sentí que yo era ella. Toda la noche me quedé pensando y luego soñé con ese raro sistema planetario donde las lunas y los mundos son vaginas deslumbrantes, como estrellas magnéticas. Y en una de ellas, a la derecha me parece distinguir flotando abajo un punto que bien podría ser un ano. Me mostraba un sistema solar donde sólo existe lo profundo, lo que atrae, lo que nos mantiene en movimiento. Sentí que tenía que añadir sobre el vientre de esa mujer que era yo, el tatuaje que dice tanto, que dice Nosostros somos el jardín. Y un poco después yo misma me lo puse sobre el estómago. Sin saberlo, usted me empujó a hacerlo. Me empujó a decirle a todo el que me vea desnuda: "Si te portas a la altura, si sabes ser lento como los amantes de Mogador, tú y yo podemos ser un paraíso, el jardín encantado".

Por otra parte sigo recibiendo mensajes entusiastas con las fotos que me envió Karla y puse en la entrega anterior.
El collage que viene acompaña a las primeras líneas de estos párrafos , ya intervenido, se puede ver un poquito más grande picándolo, y además se puede ver acompañado de algunos de los textos de Nueve veces el asombro que los inspiraron, en esta otra página sobre el tiempo en Mogador.

3 comentarios:

mas de 30 dijo...

Estoy realmente contenta de encontrale y sorprendida de saber que no soy la unica que se tatuo ese presisamente ¨nosotros somos el jardin¨yo me lo tatue en la espalda baja y me siento como fortalecida , como si me hubiera empoderado , gracias por dejarse encontrar

Xóchitl dijo...

Es hermoso leer lo que provocas en los lectores y darme cuenta de que formo parte de ese grupo.

Al estar leyendo lo que compartió contigo, coincidí y me reflejé, respecto a lo que dice sobre su amante suavizado por las palabras... En mi caso, te cuento que le hice llegar al hombre que amo los 9 sueños de "En los labios del agua" y los jardínes; él, de vuelta me regaló nueve sueños inspirados en los tuyos.

Lena García feijoo dijo...

Todo es belleza: es un haber realmente marcado un nuevo camino, es integrar vida y obra en un regala para dejar volar en lñibertad, pero por el camino, una gran bandada de aves colorinas que han elegido unir su vida con tu obra. te sobran felicitaciones, pero ¡felicidades!