"SIN SABERLO, TODOS ENTRAMOS EN LOS SUEÑOS AMOROSOS DE QUIENES SE CRUZAN CON NOSOTROS Y NOS RODEAN... ASÍ, CADA UNO ABRE A TODOS SU CUERPO Y A TODOS SE LO ENTREGA."
Marguerite Yourcenar

QUÉ ES LA JAMSA o MANO DE FATMA

Al publicar en este blog la entrada anterior, sobre las manitas de plata hechas en Marruecos como símbolo de convivencia entre árabes y judios, recibí muchas preguntas de personas que no han leído La mano del fuego pidiéndome alguna explicación adicional sobre esas manitas. En el primer capítulo del libro incluyo estos párrafos más o menos explicativos. El libro entero está organizado como una mano, con un capítulo a partir del simbolismo de cada dedo. Y a lo largo del libro aparecen más de veinte manitas marroquíes que he traído de Mogador, una en cada viaje, regalada por alguien cercano o comprada. Así el libro entero es álbum codificado de mis estancias mogadorianas. Aquí pongo algunas de ellas, desde las más figurativas hasta alguna muy abstracta.
Y entonces Zaydún comenzó así una labor de varios años que no llegaría a publicar vivo. Obstinada y aparentemente dispersa, arrancaba como una imagen fluida distorsionada en un espejo. Una imagen de cinco afluentes como cinco dedos llenos de palabras: Había una vez un contador de historias
enamorado locamente de una jardinera.
Era un río de palabras.
Agua sonámbula.
Era mi cuerpo antes, después, ahora.
Era una vez un río que me llevaba
hacia el corazón de mi amada,
entrando por sus ojos,
entre sus piernas,
por su boca,
por sus manos abiertas.
Y entraba también por la huella roja
que su mano dejó sobre su puerta blanca.
Puerta que se abre hacia lo invisible,
hacia lo indecible del amor:
La mano del fuego
. Sobre el portón de muchas casas de Mogador o sobre un muro encalado, y especialmente en las callejuelas laberínticas de la medina: la parte antigua de la ciudad, se puede ver la huella roja entintada de una mano. Los cinco dedos separados claramente. De alguno de ellos o de la palma entera escurre un poco de pintura. Es una huella poderosa: está ahí para ahuyentar a los malos espíritus, al mal de ojo o a cualquier otro tipo de maldición. Es una mano que conjura, bendice, protege. También es mano abierta para recibir al que en su cuerpo trae una presencia buena. Se llama Mano de Fatma o Jamsa. En árabe Jamsa significa cinco. Los cinco dedos de la mano de Fatma, la hija del profeta, protectora simbólica de los fieles. Pero también de los que dudan. Ella no juzga. Protege sin distinción. Jamsa es cifra clave del Islam. Son cinco las veces que el almuecín canta el llamado a la oración desde su altísima torre esbelta, su minarete o alminar. Cinco las claves del misterio que sólo Alá conoce (Corán VI-59). Cinco los Pilares de la Sabiduría. Cinco los motivos de ablución. Cinco los tipos de ayuno, las dispensas posibles del viernes, las fórmulas para decir que Dios es grande, los camellos que se necesitan para el pago ritual de un agravio, y cinco son las generaciones que debe durar una venganza entre tribus del desierto.
Para algunas tribus sufis que aceptan ser sonámbulas del deseo, cinco son las estaciones del amante en su viaje a conocer el fuego. Y cada una se reconoce bajo el emblema de un dedo. Cinco los símbolos de lo que mueve misteriosamente su cuerpo y, en la perfecta geometría de su corazón cambiante, cinco las mujeres que pueden ser diosas del amor al mismo tiempo. El cinco es un fetiche. Y es cifra en el doble sentido de número y de código secreto. Acumula significados: protección divina, símbolo de armonía, síntesis de los elementos del universo. Cada dedo es agua o tierra o aire o fuego y el quinto es la nada que los une. La nada que a la vez es todo. La quintaesencia. Mano poderosa que todo lo contiene, incluyendo al vacío. Que todo lo hace con posible habilidad y con decisión lo ejecuta, lo empuja, lo cuida. En otra mitología, que también imperó en Noráfrica y España, la mano se relaciona con Sagitario, el ser excepcional de doble naturaleza: hombre en la cabeza y caballo en el sexo, el que se mueve, sueña y desea más allá de sus límites naturales, el que extiende la mano al cielo como flecha. Signo de fuego y aire. Para algunos es tan sólo quimera. Para otros, destino. Una jamsa se pinta con frecuencia sobre los Kama Sutras árabes (como El jardín perfumado de Nefzawi, El collar de la paloma de Ibn Hazm, La guía del amante alerta de Ibn Foulaita, o el Tratado del amor y El intérprete de los deseos de Ibn Arabí) esos manuales que son poema, narración y ensayo al mismo tiempo y que nos ayudan a vivir. Y especialmente se pinta sobre esos volúmenes desde que uno de ellos se llamó La ley de Jamsa. Un manual del amor es un libro que nos lleva de la mano. Nos guía tocándonos. Conduce nuestros pasos desde los dedos y los ojos. En algunos manuales árabes del amor el cinco es fundamental marcando el ritmo de acercarse, de temperar el deseo: “El amante debe ofrecer a su amada cinco caricias prolongadas en cinco círculos concéntricos alrededor de cinco besos púbicos. Todo cinco veces repetido antes de pensar siquiera en entrar en ella. Y cinco veces debe escuchar que el cuerpo de la amada, en su lenguaje propio, no necesariamente con palabras, lo llama, lo reclama dentro. Sólo después de la quinta llamada el buen amante se aventura: eso se conoce en el amor como La ley de Jamsa. Y la mujer suele invocarla ante los ojos del amante simplemente extendiendo ante él la palma de su mano o colocándola suavemente sobre sus ojos.” “Los amantes más sofisticados --sigue diciendo La ley de Jamsa, dejan que nueve veces cinco crezca la tensión del arco amoroso que lo lanzará muy adentro del corazón de la amada. Muy adentro de su cuerpo. Cinco y nueve embebidos como cifras amantes, como amantes cifrados. Cinco largos y profundos más nueve cortos y leves son los movimientos amorosos que llamamos “ritmo de penetración y compenetración”; y que crean una composición amorosa perfecta. En esos horizontes del cuerpo, perfecta significa deseable. ”

13 comentarios:

Anne Wakefield Hoyt dijo...

Hermosas palabras e imagenes que abren con las manos una puerta a esa dimension insospechada de la cultura islamica, una a la que generalmente asociamos (en Occidente) con tanatos y no con eros.

Martha, la de siempre dijo...

Sin duda estas palabras hacen que una desee invocar la Ley de Jamsa y tener una y otra vez esa relación amorosa perfecta, deseable...
Gracias!

El Duilfo dijo...

Se me ocurre que esas manos puedan darnos la mano. Interesante y muy linda entrada.

Xochitl dijo...

Te comento que justo a la entrada de mi casa he puesto una y muchas veces, en mi cuello, llevo otra.

Esa parte de "La mano del fuego" es maravillosa, bueno, en realidad, todo el libro lo es.

Un abrazo.

Lena García feijoo dijo...

Cuando leí esto en "La mano de fuego" un abrazo amoroso me fue estrechando el corazón. Los ojos se me inundaron como producto de la conmoción. Leerlo de nuevo aquí es un placer. Tomo entre mis dedos ahora la mano de Jamsa, Fatma conmigo, llamo por quinta vez al amor: su amante soy.

lulifera dijo...

Las de las puertas son muy hermosas también.

Malena dijo...

Estaba buscando qué significaba esta mano que llevo todos los días colgada al cuello. Mi Jamsa me la regaló mi madrina hace más de 10 años; es muy linda, trabajada en plata, filigrana y oro. Siento que me protege siempre.
Muy interesante este post; me ha hecho ver que todo elemento encierra algo más y que solo hace falta ver un poco más allá para entenderlo.
Saludos

ana maría - penélope dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Leo Lobos dijo...

gracias que genial me ha parecido esta información, alguna vez recibi una de estas manos traida de israel por una amiga, ahora recien entiendo sobre ellas, gracias a ti!

un abrazo desde Santiago de CHILE

Leo Lobos

José Pamplona Muñoz dijo...

Alberto Estoy leyendo los 'Cuentos de la Alhambra de Washington Irving y encontré esto:
El gran vestíbulo o pórtico de entrada está formado por un gran arco árabe, en forma de herradura, que sube hasta la mitad de la altura de la torre. En la clave de este arco hay grabada una gigantesca mano, y en la de la portada, dentro ya del vestíbulo, hay esculpida una gran llave. Los que se llaman conocedores de símbolos mahometanos aseguran que la mano es el emblema de la doctrina; los cinco dedos representan, según ellos, los cinco mandamientos principales de la fe islámica, esto es: ayuno, peregrinación, limosna, ablución y guerra contra los infieles. La llave, afirman, es el emblema de la fe o del poder; la llave de Daoud o David transmitida al profeta: “Y pondré sobre tus hombros la llave de la casa de David, y abrirá y nadie cerrará, y cerrará y nadie abrirá” (Is., XXII, 22). También nos dijeron que esta llave fue esmaltada de brillantes colores, a la usanza árabe, en oposición al símbolo cristiano de la cruz, en aquellos días en que eran dueños de España o Andalucía. Representaba el poder de conquista e que estaba investido el Profeta: “El que tiene la llave de David, el que abre, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre” (Apo., III, 7).
Sin embargo, el legítimo hijo de la Alhambra nos dio una interpretación distinta de estos emblemas, más de acuerdo con las creencias populares, que atribuyen algo misterioso y mágico a todo lo que se relaciona con los moros y alimenta toda clase de supersticiones respecto a esta vieja fortaleza musulmana. Según Mateo, era tradición transmitida desde los más antiguos habitantes, y que él conservaba de su padre y abuelo, que la mano y la llave eran una mágica invención de la que dependía la suerte de la Alhambra. El rey moro que la construyó fue un gran mago, o, según creían otros, se había vendido al diablo y edificó la fortaleza por arte de encantamiento. Por este motivo ha permanecido en pie durante siglos, desafiando tormentas y terremotos, en tanto que la mayor parte de las restantes construcciones moriscas quedaron en ruinas o desaparecieron. Añade esta tradición que el mágico hechizo durará hasta que la mano del arco exterior baje y coja la llave; entonces, todo el edificio saltará en pedazos y quedarán al descubierto todos los tesoros que allí escondieron los moros.
A pesar de este siniestro augurio, nos aventuramos a pasar por la encantada puerta, y nos sentimos más protegidos contra las artes mágicas cuando contemplamos una imagen de la Virgen sobre la portada.
'Cuentos de la Alhambra’ Irving, Washington PP. 60-61 Traducción, prólogo y notas: Villa-Real, Ricardo Introducción: Soria, Andrés Editor Miguel Sánchez, Granada-Madrid 1974

RArenas dijo...

Empece a leer "La mano de Fatima" que nada dice de lo que tu nos dices. Tus crónicas erótico-históricas me hacen descubrir que no he perdido la capacidad de emoción y sorpresa. ¿Te has puesto a pensar a cuantas miles de mujeres seduces y quieren contigo, por culpa de tu generoso cuaderno abierto? ¿Y tal cantidad de vibras, no te llegan? Te lo pregunto por mera curiosidad científica

Sadia dijo...

Very good and Nice Blog thanks For Posting

martha elisa dijo...

alberto
adore "la mano de fuego" de pronto me veo reflejada, descrita, inscrita, ilustrada, representada....
creo que a la casta de "los sonambulos" se pertenece sin contar con el titulo de "miembro o socio", es masun estado existencial... inetnso de vivir, complejo de entender a los ojos de quienes son ajenos... como describir le goce sensorial, como explicar la atraccion pura de los sentidos ...que solo acontece por un instante y con algunos seres particulares....gracias alberto mi ser se ha enriquecido y confabulado en el deseo al leerte...